Mapa de Justicia Educacional
En un sistema escolar justo, el acceso a la educación, los recursos disponibles en las escuelas, los procesos que se desarrollan en su interior y los resultados que se alcanzan no dependen de ser niña o niño, del lugar donde se vive, del nivel socioeconómico ni del tipo de establecimiento en el que se estudia. Sin embargo, en Chile, las oportunidades educativas no se distribuyen de manera justa.
El Mapa de Justicia Educacional ofrece una representación dinámica de datos censales disponibles en el país sobre la distribución de oportunidades y desigualdades en el sistema escolar. Se organiza en cuatro dimensiones clave de la Justicia Educacional: acceso, recursos, procesos y resultados. Estos datos, correspondientes al año 2024 y que se actualizarán periódicamente, esperan servir de orientación para quienes buscan avanzar hacia una educación más justa.
Lo que muestran los datos
Si bien el sistema escolar del país ha experimentado avances relevantes en las últimas décadas, el Mapa de Justicia Educacional muestra que el camino hacia una educación más justa aún enfrenta importantes desafíos.
Un acceso educativo justo no depende solo de que los y las estudiantes estén matriculados en la escuela, sino también del logro de trayectorias escolares positivas y de la disponibilidad de una oferta educativa de calidad, inclusiva y diversa en los distintos territorios.
Los datos evidencian que —junto a distintas desigualdades en indicadores como la matrícula, la asistencia, la repitencia y la desvinculación escolar— no todos los y las estudiantes tienen acceso a una oferta de calidad en el territorio en que viven.
Los establecimientos de mayor calidad no se distribuyen por igual entre los distintos territorios. En la mayoría de las comunas del país, menos del 50% de las escuelas y liceos tienen una categoría de desempeño alta, lo que limita la justicia en las oportunidades educativas.
Una educación justa requiere contar con los recursos estructurales, humanos y materiales necesarios para ofrecer una educación de calidad, inclusiva y equitativa.
Los datos muestran que indicadores clave como el número de estudiantes por curso —además de otros como la cantidad de alumnos y alumnas por docente de aula, la calidad de los y las docentes y la presencia de profesionales de apoyo— no se distribuyen de manera equitativa entre los distintos tipos de establecimientos.
Mientras los establecimientos públicos tienen, en promedio, 26 estudiantes por curso y los particulares subvencionados 31, los particulares pagados cuentan con solo 23. Estas diferencias inciden directamente en la existencia de condiciones estructurales justas para enseñar y aprender.
Un proceso educativo justo no se limita solo a lo que se enseña en las salas de clases, sino que también implica sentirse parte de una comunidad escolar, participar activamente y vivir relaciones respetuosas y de apoyo en la escuela.
Los datos relevan distintas desigualdades en la percepción de los y las estudiantes respecto de la cohesión entre pares, el fomento de la participación escolar, el trato docente y el sentido de pertenencia a los establecimientos.
Mientras un 79% de los y las estudiantes de básica expresa un alto sentido de pertenencia a su escuela, en la enseñanza media solo cerca de 1 de cada 2 estudiantes manifiesta lo mismo, con diferencias marcadas según el grupo socioeconómico del establecimiento.
El logro de resultados justos supone que todas y todos los estudiantes alcancen aprendizajes significativos en la escuela y cuenten con iguales posibilidades de acceder a oportunidades futuras de calidad.
Los datos sobre niveles de aprendizaje en lenguaje y matemáticas en básica y media, los resultados en las pruebas de ingreso a la educación superior, el tipo de institución terciaria a la que se accede y su nivel de acreditación muestran marcadas brechas.
Mientras un 65% de los estudiantes hombres egresados de la educación regular ingresa el año siguiente a instituciones de educación superior con el máximo nivel de acreditación (6-7 años), solo cerca de la mitad de las mujeres logra lo mismo. Esto visibiliza importantes desigualdades de género en los resultados educativos.
Lo que no está
El Mapa de Justicia Educacional busca traducir información censal compleja a un formato accesible. Pero, incluso en su mayor alcance, existen dimensiones que no están representadas —no porque no importen, sino porque no existen datos públicos sistemáticos que permitan representarlas. Hoy no contamos con información suficiente sobre educación parvularia y especial, ni sobre la infraestructura y equipamiento de las escuelas, entre otros ámbitos.
Y hay otras dimensiones que probablemente nunca estarán: aquellas experiencias, relaciones y condiciones que escapan a la lógica del dato medible —como la violencia simbólica, el miedo a un profesor, el efecto de los estereotipos— pero que también definen cuán justo, o cuán injusto, puede ser un sistema escolar.
El Mapa de Justicia Educacional es un punto de partida: visibiliza tanto lo que sabemos como lo que aún necesitamos conocer.
Te invitamos a seguir explorando más datos.